Antes de que alguien lea tu currículo, antes de cualquier casting, tu compcard ya habló por ti. Una agencia, un director de casting o un cliente tienen apenas unos segundos para entender quién eres, cómo te ves y para qué tipo de trabajo puedes servir — y esa primera impresión depende por completo de cinco fotografías bien elegidas.
A diferencia de un portafolio, que puede permitirse la ambigüedad y el desarrollo narrativo, la compcard tiene una sola función: comunicar con precisión, en el menor tiempo posible, tu rostro, tus proporciones, tu presencia y tus datos básicos. No intenta mostrarlo todo.
"Claridad antes que espectacularidad. Una gran fotografía editorial puede ser perfecta para tu portafolio y, al mismo tiempo, la fotografía equivocada para tu compcard."
Cinco fotografías, cinco funciones distintas
Cada imagen de la selección responde a una pregunta diferente: un close-up muestra tu rostro con claridad; un cuerpo completo de frente revela tus proporciones y tu postura; una toma de tres cuartos aporta actitud y presencia; el perfil demuestra estructura y versatilidad; y una imagen de personalidad o comercial sugiere qué tipo de trabajo puedes vender. Ninguna debería repetir lo que ya muestra otra.
Vestuario, grooming y retoque al servicio de la claridad
La ropa debe ayudar a leer tu cuerpo, no competir contigo: prendas simples, bien ajustadas, sin logos ni estampados dominantes. El grooming debe ser reproducible — tu compcard debe parecerse a la persona que llegará al casting. Y el retoque debe corregir, nunca reconstruir: el cliente está evaluando a la persona que contratará, no una versión digital de ella.
Datos correctos, diseño legible
Mantén tus medidas y tu información de contacto actuales — nunca las inventes ni las "mejores". El diseño debe ser limpio y entenderse en segundos, tanto en papel como en una pantalla de teléfono. Y adapta siempre la selección al casting: no envíes una fotografía porque te encanta, envíala porque explica por qué encajas en ese trabajo.
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